
Un amigurumi recién relleno deja ver el blanco de la fibra asomando entre punto y punto, como si la tela tuviera poros abiertos. Llevo varios sábados dándole vueltas a esa pregunta, desde que noté que casi todos mis primeros muñecos —el pulpo de patas asimétricas, un par de esferas que terminaron más ovaladas que redondas— compartían el mismo defecto de fondo, sin que el conteo de puntos tuviera nada que ver. La técnica que uso desde mi primer patrón gratuito de Pinterest es el punto bajo tradicional, el que forma una 'V' limpia y que cualquier vídeo rápido enseña como el único camino. Cambiar a otra cosa —el llamado yarn under, o punto en X— no se me había ocurrido hasta que empecé a revisar mis piezas fallidas en serio.
Revisar esas piezas fallidas —la bufanda que quedó torcida porque apreté demasiado el punto cadena, entre otras— me hizo ver el mismo punto de base en todas: la 'V' tradicional, perfecta para una manta plana pero demasiado abierta cuando el relleno empuja desde dentro y el amigurumi entero parece que estuviera sudando nubes de poliéster por los huecos.
¿Qué cambia entre el yarn over y el yarn under?
Pasé la primera mitad de un sábado repasando un par de libros de crochet que tengo por el trabajo, y encontré el término que le faltaba a mi ganchillo: el punto bajo cruzado, o punto en X. La diferencia no está en el grosor del hilo ni en el ganchillo que uses, sino en el gesto de la muñeca. En el punto tradicional haces dos lazadas pasando el hilo por encima del ganchillo (yarn over más yarn over). En el punto en X la primera lazada se hace al revés: el ganchillo pasa por encima del hilo en vez de al contrario (yarn under), y sólo la segunda lazada vuelve a ser la de siempre.
La altura de cada punto y cómo se clasifica exactamente es tema para otro cuaderno de esta web, pero lo que a mí me importa aquí es que ese primer yarn under acorta la puntada y la cruza sobre sí misma, formando una 'X' pequeña y cerrada en vez de la 'V' abierta de siempre.
El magic ring inicial no cambia por usar un punto u otro —ese sigue siendo su propio dolor de cabeza, se me tuerce y hay sábados que lo rehago dos veces antes de arrancar la primera vuelta—, pero sí cambia cómo se apilan las vueltas siguientes: mientras la 'V' se desplaza lateralmente (lo que los manuales llaman V-stitch slant), la X se apila mucho más vertical, casi como si trabajara con píxeles en lugar de lana.
La memoria muscular no coopera tan rápido
Cambiar el gesto de la muñeca después de tanto tiempo tejiendo del mismo modo resulta más incómodo de lo que esperaba. Mi mano derecha sabe perfectamente ir por encima del hilo, y obligarla a pasar por debajo se siente como escribir con la mano que no uso. Trabajo con un ganchillo de 2.5mm y algodón mercerizado del número 6 cuando busco la máxima densidad —elegir ese grosor es una decisión aparte de elegir el punto, algo que depende más del patrón que de la técnica en sí, igual que elegir entre un hilo suave que se deshilacha pronto o uno más áspero que aguanta años enteros sin deshacerse—, y esa leve resistencia que el hilo opone entre el pulgar y el índice cuando cierro la lazada del punto en X me deja una marca roja al final de la tarde.
Incluso después de un par de fines de semana, el ganchillo se me sigue escapando en el tercer round de aumentos. El punto en X es más corto que el tradicional, así que la pieza queda un poco más pequeña y bastante más rígida; si la tensión se descontrola, insertar el ganchillo en la vuelta siguiente se vuelve una lucha contra la fibra. Es en esos momentos cuando recuerdo que por qué elegir el tamaño de aguja para amigurumis adecuado es tan importante: si me hubiera quedado con mi ganchillo de 4mm, el efecto se habría perdido del todo.
Un sábado intenté resolver la torpeza siguiendo tutoriales en inglés, pensando que ver el gesto en vídeo ayudaría más que leerlo en español. Las abreviaturas no coinciden con las que uso normalmente, y terminé confundida a mitad del round tres, mezclando puntos que no eran los que creía estar siguiendo. Ese cruce de siglas de un idioma a otro es su propio tema, para otro cuaderno, pero ese sábado en concreto lo único que gané fue deshacer media pieza.
Mi vecina, que hace fotografía analógica y revela los carretes en casa, se rió cuando le conté que llevaba media tarde tejiendo con la muñeca torcida; ella tiene su propia obsesión con hacer las cosas por el camino largo, así que lo entendió enseguida.
Ganar limpieza visual con el punto en X
La ventaja estética llega cuando terminas la pieza y la rellenas. Como la estructura está cruzada, los huecos entre puntos son casi inexistentes: por mucho que aprietes el relleno —y vaya que si tuve que aprender cómo rellenar amigurumis para que queden firmes y sin bultos—, la 'X' se mantiene cerrada. La 'V' tradicional, en cambio, se abre por la base en cuanto el volumen empuja desde dentro.
Está también el tema de la alineación. Tejiendo en espiral, el punto en V se va inclinando hacia un lado —hacia la derecha si eres diestra, hacia la izquierda si no—, y en un patrón con cambios de color geométricos esa inclinación deja las líneas pareciendo una escalera de caracol. El punto en X reduce bastante esa deriva: las vueltas quedan más ordenadas, casi 'profesionales', aunque yo sólo sea alguien que pinta los sábados con lana y un ganchillo.
Llevar la cuenta de las vueltas es una disciplina aparte de elegir el punto —a mí se me sigue desfasando por dos algún sábado suelto, sin que tenga nada que ver con si tejo en V o en X.
El precio de tanta firmeza
No todo es ganancia en el mundo del yarn under. Después de varias semanas de práctica real, encontré algo que ningún mini-curso de los que he ojeado por Hotmart mencionaba: el punto en X puede arruinar amigurumis que necesitan movimiento. Al ser un tejido más denso y menos elástico, la pieza pierde flexibilidad.
Intenté hacer una muñeca de piernas largas que debían colgar con naturalidad. Con el punto en X, las piernas quedaron tan rígidas que la muñeca parecía en pleno rigor mortis; no había forma de sentarla sin que las extremidades saltaran hacia delante como palos de helado. Para piezas que necesitan caída, la 'V' tradicional sigue siendo la reina por su elasticidad. Es una cuestión de honestidad con el patrón: ¿armadura de píxeles o muñeco blandito?
Ese mismo fin de semana salí a caminar un rato por La Zubia, en la Vega de Granada, sólo para dejar de pensar en la muñeca de piernas rígidas, y volví con la cabeza bastante más clara sobre qué hacer con ella.
Lo que elijo casi todos los sábados
A día de hoy, el punto en X es mi estándar personal para casi todo lo que tejo estos sábados. Me gusta esa textura de armadura, la limpieza de las disminuciones sobre una base de cruces, y la seguridad de que el relleno no va a asomar dentro de un par de meses. Cansa más la mano y avanzo más despacio porque el punto es más bajo, pero el acabado aguanta mejor la inspección de los lunes de mi sobrina, que es brutalmente honesta con los fallos.
Hacia la sexta semana, después de mojar una pieza entera y dejarla secar plana sin plancha ni vapor, la vi recuperar su forma exacta sin una sola arruga —algo que con la 'V' tradicional casi nunca pasaba, porque el tejido más suelto se quedaba con la marca de cómo la había doblado para que secara.
Si estás empezando y te sientes torpe, no te agobies demasiado. Yo también tengo sábados donde el conteo se desfasa por dos y toca deshacer media cabeza porque la tensión del yarn under me juega una mala pasada. Si te apetece seguir probando cosas nuevas, siempre puedes buscar donde conseguir mil patrones de amigurumis para practicar los sábados y dedicar una tarde entera sólo a comparar una lazada por arriba con una por abajo.
Al final la gracia sigue siendo el ejercicio en sí. No busco una certificación textil ni levantar nada parecido a un negocio: me basta ver cómo un hilo de algodón se convierte en algo sólido bajo mi ganchillo. Eso sí, la tintura del hilo importa más de lo que parece —un algodón mercerizado de color oscuro suele sentirse más rígido que uno natural o pastel, y eso cambia la tensión del punto en X sin que el patrón tenga la culpa. Conviene hacer siempre una muestra pequeña, lavarla si hace falta, y ver cómo se comporta antes de comprometerte a tejer la pieza entera. Mis sábados son un poco más técnicos desde que hice el cambio, pero al menos mis amigurumis ya no sudan nubes.